Freak
El caso es que dando una vuelta por el Cielo me encontré con una pareja muy extraña: don Federico y señora (nunca supe el nombre de la mujer). Os remito lo más fielmente posible lo que pasó:
- ¡Ah!- Dijo este señor al verme-. Veo que no es usted de aquí. Diría que por su aspecto es usted de bastante más al sur, ¿me equivoco?
- Verá, realmente no lo sé. Tengo pérdidas de memoria- contesté.
- En ese caso me presentaré, me llamo don Federico y esta dama de mi lado es mi mujer. ¿Recuerda usted cuál es su nombre?
- ¿El mío o el de su mujer?
- ¿Usted es algo gilipollas?
- Pues la verdad es que no lo recuerdo.
En ese momento una pequeña venilla se hinchó y se volvió rojiza en la frente de don Federico.
- Escucha, diablo de los cojones. No estoy de humor para bromitas, así que si quieres que te de media hostia, ¡dímelo ahora y déjate de mierdas!
- ¡Federico! ¡Cómo le dices eso a este amable señor! ¡Discúlpate ahora mismo!- Le espetó su amable esposa.
- ¡Aaaargh! ¡Estoy harto de ti!
- Hombre-tigre no gustar Fede. ¡Fede aplastar!
Y se enzarzaron en una pelea brutal que duró por lo menos cuatro horas.
Yo escapé mientras no miraban, pero de repente una mano se cernió sobre mis ojos y un fino brazo de terciopelo me arrastró lejos de allí. Cuando logré soltarme no podía creerme lo que veía. Era una especie de muñeco-rana. Me dijo que se llamaba Gustavo y que sus intenciones eran buenas. En cuanto se despistó le retorcí el pescuezo y salí corriendo. Ya no confiaba en nadie.
